Referencias Artísticas
La consciencia está en el mañana.
Cartas de ausencia
25.09.2009
Obra expuesta: Error_404
Tipo: Proyección interactiva


Seres y objetos están ligados, y los objetos cobran en esta complicidad una densidad, un valor afectivo, que se ha convenido en llamar su presencia.

Jean Baudrillard.

Bajo el epígrafe de “Cartas de Ausencia” presentamos esta exposición colectiva que reúne a artistas provenientes de diversos ámbitos en torno a una temática  común, conformando una muestra heterogénea de corte multidisciplinar.

Podríamos entender esta ocasión como una oportunidad para la reflexión sobre los objetos que nos rodean; sobre la necesidad, absurda o trágica, de relacionarlos con nuestra memoria. Pero también una reflexión sobre los espacios o lugares adscritos a nuestra memoria, sobre los momentos que forman parte de la cotidianeidad o sobre aquéllos otros que consideramos excepcionales y que conforman, por separado o en conjunto, el eje vertebrador de nuestras vivencias y el nexo de unión con los demás, a los que nos ligan no sólo hilos de afecto sino, sobre todo, los escenarios compartidos y vividos en su compañía. Unos y otros, bajo formas diversas, se articulan entre sí por su profunda capacidad evocadora y por el poder de transformación que la memoria ejerce sobre ellos convirtiéndolos en recuerdos derivados de su presencia; lo que determina precisamente el valor de su ausencia, cuando de forma inevitable pasan a formar parte del pasado. En ese intervalo que media entre lo vivido y su transformación en recuerdo, la memoria convierte lo recordado en fetiche. Es inevitable que la reminiscencia del pasado esté ligada a la presencia de algo, sea objeto, lugar o sensación.  Y es esta necesidad de recordar algo determinado la que establece el valor que tiene para nosotros y fija su capacidad de evocación.

Las obras que en esta exhibición se nos revelan bajo apariencias tan distintas, en variaciones que enriquecen un discurso homogéneo en contenido, nos proponen un viaje por ese pasado que no abandonamos nunca del todo. Pretenden establecer un vínculo, desde el momento presente, con esos objetos o espacios del pasado que, pese a ser perfectamente reconocibles y aparentemente carentes de importancia o valor, se han desprendido de lo cotidiano para pasar a formar parte casi del ámbito de lo mítico, entendido como un espacio personal e intangible que los artistas que presentamos tratan de recrear o reescribir. Objetos, espacios o lugares que han devenido en fetiche del recuerdo.

En este juego de espejos en que unos y otros nos miramos, reconociéndonos y extrañándonos al mismo tiempo, se establecen caminos de ida y vuelta entre los objetos y nosotros y también entre nosotros y los objetos que, de una u otra manera, son parte de la memoria colectiva y nos identifican como individuos o sociedad. En un intento de suscitar esta comunicación, en la mayoría de las obras se pone el acento no tanto en lo representado como en la sensación o sentimiento que produce lo que se nos muestra al ser recordado. Un enfoque con el que se consigue asimismo hacer, de una manera más íntima, partícipe al espectador promoviendo su interacción con la pieza, brindándole la oportunidad de aportar sus propias experiencias y permitiéndole dilatar el tiempo de la contemplación. En definitiva, una recreación y reinterpretación de los posibles vínculos entre los objetos y sus dueños, las acciones que de ellos derivan y los sentimientos que generan al ser evocados.

Cada uno de los artistas presentes propone una visión personal y única, poniendo en evidencia innumerables afirmaciones que se contradicen o que juegan a ser complementarias.

Miguel Cuba aporta una pieza en la que explora el significado de uno de los objetos más comúnmente conservados como recuerdo: la postal. Pero se aparta de su vulgarización como reclamo turístico para acercarnos, a partir de ella, a la memoria del lugar y a las diferentes maneras en que es percibido, recreando un lugar concreto a partir del recuerdo de otros. Una visión distinta es la que nos propone Lucía Catoira con su obra, en la que nos presenta el objeto-cama como testigo de nuestras acciones cotidianas y lugar de encuentro con nuestros anhelos y sueño más íntimos, pero también con nuestros miedos y pesadillas.  La pieza de Sonia Fernández Prada plantea una reflexión entorno a la memoria y su capacidad de registrar, de archivar lo vivido y de cómo estos recuerdos son susceptibles de ser revividos y reformulados una y otra vez.

Enlaces: dossier, La voz de galicia(1), La voz de galicia(2).
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